oxidado
Defecto grave e irreversible del vino causado por la exposición excesiva al oxígeno durante su elaboración, crianza o almacenamiento. La oxidación afecta profundamente a tres dimensiones sensoriales del vino: el color se oscurece (vinos tintos pierden vivacidad, blancos adquieren tonalidades pardas), los aromas se apagan o desarrollan notas desagradables de chamuscado, fruta cocida o flatulencia, y la estructura gustativa se empobrece, resultando en vinos planos, sin frescura ni tensión.
Aunque la oxidación controlada es deseable en ciertos estilos tradicionales como el rancio, la oxidación accidental en vinos jóvenes constituye un defecto enológico irreparable. Ocurre cuando existe permeabilidad excesiva en los cierres, contacto prolongado con aire durante la vinificación, o deficiencias en las prácticas y tratamientos enológicos autorizados. El dióxido de azufre actúa como protector antioxidante preventivo, aunque su uso debe responder a criterios de sostenibilidad.
Un vino oxidado pierde su potencial de guarda, carácter varietario y capacidad de expresar el terroir. En cata, se identifica por turbidez óptica, ausencia de aromas varietales primarios y una boca desvitalizada que contrasta con la estructura esperada según su tipo y cosecha.
Variaciones: vino oxidado, alteración oxidativa, defecto por oxidación
También: envejecido accidentalmente, dañado por aire, sobreoxidado